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Dammann Frères, el mejor té de bolsita que he probado

damann

Siempre me ha gustado el té, aunque creo que fue mi amigo Malcolm el escocés el que me enseño a apreciarlo bien. En casa me gusta tener algún té especial, como el que puede comprarse en Sevilla en Té&té, y siempre tengo alguna cajita de te verde para hacer con hierbabuena o de té negro para mezclar con canela, naranja o jengibre. Pero me niego a tomar un té en un bar, a no ser que sea una tetería claro.

Mi amigo Malcom bebía veintesiete tazas de té al día cuando estaba enganchado, luego se quitó y “sólo” bebía siete. El siempre me decía que el té de bolsita que te ponían en los bares en España lo hacían con los restos de barrer la fábrica, pelusas y colillas incluidas.

No obstante se pueden encontrar tés de bolsita bastante aceptables, por lo que llevo probado, casi siempre de marcas inglesas. Pero hace poco hice un descubrimiento increíble; todos conoceréis esas bolsitas de té que se te caen en el bolsillo cuando desayunas en un hotel, pues mira por donde hace poco cayeron en el mío dos o tres sobrecillos de elegante aspecto con el nombre Dammann, era una variedad de Earl Grey con un intenso aroma y un delicioso sabor, desde que se me acabaron me digo, tengo que encontrar ese té. Así que hoy bicheando por la web he llegado a su página web, sólo hay que verla para hacerse una idea de como será el té y, curiosamente, es una empresa francesa. Así que en cuanto cobre la paga de Junio a comprar té, ¿alguien se apunta?

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La dieta del tenedor: cómo adelgazar usando la vajilla y la cubertería

Una mesa bien puestaEn la vida sólo hay dos cosas importantes sobre las que tenemos algún control:

  • Qué hacemos (no tanto control)
  • Cómo lo hacemos (mucho más control)

La mayoría de las dietas suelen enfocarse casi exclusivamente al “qué comemos” pero normalmente se deja de lado el “cómo comemos”.

Por fortuna tengo una constitución genética que me ayuda a estar delgado y que me permite desayunar todas las mañanas medio bollo de pan con aceite y tomate, otro medio con aceite y mermelada de naranja amarga y un vaso de leche con colacao (ahí es ‘ná’). No obstante tengo dos costumbres que creo que me ayudan a mantenerme en mi peso: como muy despacio y paro cuando no tengo más hambre.

Hoy leyendo un artículo en un blog del que soy asiduo he encontrado unos sencillos consejos que pueden ayudar a comer mejor y más despacio, la bautizaré como “La dieta del tenedor” por si hago escuela y luego tengo que reclamar los derechos de autor.

Ahí va La dieta del tenedor:

  • Después de cada bocado suelta el tenedor, o la cuchara, en el borde del plato, aprovecha la pausa para masticar tranquilamente y luego vuelve a la carga
  • Sírvete SIEMPRE en un plato: no comas nunca nada que no pase por tu plato, esto incluye el comer de pie mientras preparas la comida, la merienda o cualquier otro tipo de picoteo.
  • Utiliza platos y cucharas mas pequeños, esto engaña a nuestro cerebro sobre la cantidad de alimento consumido y nos hace comer menos

Sigue esta dieta tan sencilla en apariencia y tan fácil de saltarse en la práctica y ya me contarás los resultados.

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Los gorrones

gorronesComer de gorra, gorronear, gorrón…

¿Alguna vez os habéis preguntado porqué se llaman así los expertos en “invitabilidad” y “vida alegre”? El termino gorrón proviene de una curiosa costumbre de las primeras universidades españolas. Esta historia me la contó mi amiga Begoña.

En aquella época costaba casi tanto como ahora pillar un buen sitio en el aula a primera hora de la mañana, además los bancos de piedra eran demasiado fríos para las posaderas más refinadas. Así, los estudiantes más acaudalados tomaban a su servicio a un estudiante menos afortunado que era el encargado, entre otras muchas tareas de reservarle un buen sitio y de irle calentado el asiento. Estos estudiantes solían ir tocados con una gorra de gran tamaño y cuando acompañaban a sus benefactores a la taberna el que pagaba la cuenta solía decir al mesonero: “Ponme una jarra de vino y comida y alguna cosilla para el gorrón”.

Así que ya sabéis, si tenéis inclinación a vivir de gorra no cortaros ni un pelo, nuestras raíces se hunden en profundos pozos de sabiduría.

Para ir abriendo boca os paso un enlace al pelo: Comer por la patilla, pues eso, ni más ni menos, un sitio web dedicado al gorroneo.

El gorrón, aquél que se excede en tomar, como no sin cierta benevolencia lo define Aristóteles, es, ciertamente, un ser despreciable. La avaricia y la tacañería no están reñidas, pese a todo, con una cierta dignidad: aquélla que se pone de manifiesto en el no pedir; pero la gorronería supone, entre otras cosas, y acaso principalmente, una pérdida completa de la dignidad. Creo que, con toda agudeza, Teofrasto fue capaz de ver en ese aspecto la nota más distintiva y características del gorrón, hasta el punto de hacer de ella el elemento esencial sobre el que construir su retrato de este carácter: «La gorronería –escribe– es, en términos de definición, un menosprecio de la opinión ajena por mor de una ganancia deshonrosa.» Indudablemente, al gorrón le trae absolutamente sin cuidado lo que piensen o digan de él siempre que obtenga algún beneficio. «Llámame gorrión y échame alpiste»

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