La dieta hipoinformativa ¿vivir de espaldas a la realidad?

mejor estar informadoYo llevo años aplicando con éxito la máxima de no leer, ver o escuchar nada que no me afecte directamente, que no me emocione, que me ponga de mala leche o que me haga entristecerme o amargarme el día. No se nada de deportes, de ningún tipo, ni de la prensa del corazón, ni quien se ha muerto, ni quien manda ahora donde. Y me va bastante bien.

No leo prensa, no veo la tele, no escucho la radio. Encuentro en los libros, en internet y en las personas que me rodean información y deleite suficientes para cubrir mis necesidades sociales, culturales y espirituales. Leo con pasión libros de divulgación científica, de economía y de ciencia ficción; escucho podcast en inglés sobre productividad, astronomía o cualquier materia que me aporte algún añadido a la vez que refresco el idioma, escucho audiolibros en el coche mientras voy al trabajo y leo miles de artículos en blogs que me interesan y me aportan algo nuevo.

No creo que esté enajenado de la realidad, disfruto cuando llueve, me maravillo con un pedazo de pan con aceite o me emociono escuchando la voz de una cantante o el sonido de un violín. Gracias a la culturilla científica que se me va quedando pegada disfruto doble de cada uno de estas cosas porque entiendo que son regalos y milagros que nos rodean por todos lados. Como decía Borges: a todos todo les es dado, pero la mayoría lo ignoran.

Enlaces relacionados

Alvin Toffler, un futurólogo paciente

El analfabeto del siglo XXI no será quien no sepa leer y escribir sino quien sea incapaz de aprender, desaprender y reaprender

alvin_tofflerAlvin Toffler saltó a la fama con sus dos libros visionarios: “El Shock del Futuro” y “La Tercera Ola“, desde entonces no ha dejado de publicar, pero a un ritmo bastante tranquilo: un libro por década. El último de ellos, escrito en 2006 junto a su mujer Heidi, es “La revolución de la riqueza“.

Para Alvin Toffler, en las próximas décadas la economía mundial estará fuertemente influenciada por un nuevo fenómeno que hasta ahora ha sido ignorado por los economistas: el surgimiento de los ‘prosumidores’.

El término fue acuñado por él y su esposa Heidi, y se refiere a aquellos consumidores que producen bienes o servicios por los cuales no obtienen un ingreso pero que a la postre generan un impacto en la economía.

El grupo de los ‘prosumidores’ es vasto, en él figuran desde las madres de familia y los trabajadores voluntarios hasta los líderes vecinales y los bloggers, entre otros. Todos ellos realizan alguna actividad no remunerada que genera un beneficio a otras personas o a ellos mismos, ya sea un almuerzo, un trabajo social, mejoras al vecindario o una página personal en internet.

“Es un fenómeno en el que los consumidores crean valor económico por sí mismos y posteriormente transfieren ese valor a la gran economía monetaria”, explica Toffler.

Enlaces relacionados

El cisne negro: cómo entender y aprovechar los sucesos raros

cisne_negroEl cisne negro es un libro de Nassim Taleb sobre los sucesos raros, fortuitos y devastadores. Normalmente este tipo de sucesos tienen mayor impacto en el desarrollo de la historia (y de nuestras propias vidas) que los sucesos habituales, esperados y repetitivos en los que creemos que se basa nuestro mundo.

Lo que el autor llama “Cisne Negro” es un suceso que cumple tres condiciones:

  • Rareza: fuera de toda expectativa, nada del pasado lo sugiere.
  • Impacto devastador (en este sentido el descubrimiento de los cisnes negros no fué realmente un cisne negro)
  • Explicable y predecible “a posteriori”, nunca “a priori”.

Nassim separa la realidad en dos mundos contrapuestos: Mediocristan (el reino de las tendencias medias y las distribuciones normales) y Extremistán (el reino de los sucesos extraordinarios y las distribuciones fractales). Es de vital importancia saber cuando nos movemos en un reino u otro para saber cuales son las herramientas o paradigmas que podemos aplicar en cada caso y además hay que tener en cuenta que la mayoría de las veces nos movemos por Extremistán, aunque pensamos lo contrario.

Corremos grandes riesgos aceptando teorías basadas en información insuficiente, simplemente porque confirman nuestras creencias. Sería mucho mejor prestar más atención a lo que estamos haciendo y a lo que está sucediendo realmente en cada momento, evitando tanto como podamos encorsetar nuestras experiencias dentro de teorías. La lógica del Cisne Negro hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. Así que, al diablo con todos nuestros prejuicios, con los libros de recetas para triunfar en la vida o con las historias de cómo hacerse millonario.

Ya que no podemos controlar los sucesos impredecibles, deberíamos aceptar la incertidumbre e intentar maximizar nuestra exposición a la casualidad de signo positivo, situándonos en el camino de las nuevas ideas y tendencias.

A continuación os transcribo los párrafos del libro que más me han gustado.

Antes del descubrimiento de Australia se pensaba que todos los cisnes eran blancos, una creencia irrefutable pues TODAS las observaciones lo confirmaban. La primera visión del cisne negro acabó no obstante, con una creencia que parecía inamovible y basada en millones de observaciones. Una sola observación puede invalidar una afirmación generalizada derivada de una cantidad apabullante de observaciones positivas. (página 23)

La vida es el efecto acumulativo de un puñado de sucesos impactantes e inesperados. ¿Cuántos inventos, hechos históricos y descubrimientos se realizaron siguiendo un programa? Pensemos en nuestra vida, en la elección de profesión, los trabajos que tuvimos, nuestras parejas, cualquier hito importante en nuestra vida ¿con qué frecuencia siguieron un plan preestablecido? (página 25)

El mundo en que vivimos tiene un número creciente de bucles de retroalimentación que hacen que los sucesos sean la causa de más sucesos (por ejemplo, compramos un libro porque todos lo compran) con lo que se generan unas bolas de nieve y ciertos efectos arbitrarios e impredecibles del estilo “el ganador se lo lleva todo” y que afectan a todo el planeta. Vivimos en un entorno en que la información fluye con demasiada rapidez, acelerando así esa epidemia. Asimismo, los sucesos pueden ocurrir porque se suponen que no van a hacerlo. Nuestras intuiciones están hechas para un entorno con causas y efectos más simples y una información que se mueve despacio. (página 29)

El ensayo y el error significan no cejar en los intentos. Tenemos dificultades psicológicas e intelectuales con el método del ensayo y el error, así como para aceptar que las series de pequeños fracasos son necesarias en la vida. Mi colega Mark Spitznagel entendía que los seres humanos tenemos un complejo mental ante los fallos. Su lema era: “Es necesario que nos encante perder”. (fallo: no apunté la página)

Al empirismo escéptico le importan más las premisas que las teorías, quiere minimizar la dependencia de éstas, mantener los pies en el suelo y evitar las sorpresas. Quiere estar más o menos en lo cierto antes que exactamente equivocado. (página 339)

En cierta ocasión recibí uno de esos consejos que te cambian la vida. Mi compañero de estudios me dijo cuando me disponía a correr para no perder el metro: “Yo no corro para tomar el tren”. Desdeñemos el destino. He aprendido a resistirme a correr para seguir cualquier plan preestablecido. Puede parecer un consejo tonto pero funciona. En la negativa a correr para tomar el tren me he dado cuenta del auténtico valor de la elegancia y la estética en la conducta, esa sensación de ostentar el control sobre mi tiempo, mis planes y mi vida. Perder el tren sólo produce dolor al que corre para tomarlo. Asimismo, no ajustarse a la idea de éxito que los demás esperan de uno sólo es doloroso si eso es lo que se anda buscando. Si así lo decide uno se coloca por encima de la febril competencia de la vida moderna y la jerarquía, no fuera de ellas. (página 415)

Muchas veces me desconcierta que las personas podamos tener un día horrible o enfadarnos porque nos sintamos engañados por una mala comida, un café frío, un rechazo social o un gesto de pésima educación. Tardamos muy poco en olvidar que el simple hecho de estar vivos es un elemento de extraordinaria buena suerte, un suceso remoto, una ocurrencia al azar de proporciones monumentales. (página 416)

En otros blogs

“El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable” editado por la Editorial Paidós Ibérica es la segunda obra traducida al castellano del profesor libanés-americano, ensayista de éxito y ex-operador bursátil Nassim Nicholas Taleb que se define a sí mismo como “empirista escéptico” es uno de esos pocos libros que una vez leídos te sientes en la obligación moral de recomendarlos vivamente amén de sugerir una profunda reflexión sobre muchos de los supuestos filosófico-matemáticos aplicados a la economía, a la concepción del riesgo y a la gestión de la incertidumbre. Si en los 80’s “La Meta” de Eliyahu M. Goldratt removió nuestras viejas y anticuadas concepciones sobre la gestión y en los 90’s “La Quinta Disciplina” de Peter M. Senge nos hizo reflexionar sobre la necesidad de adoptar el pensamiento sistémico para afrontar los desafíos crecientes de un mundo complejo, en la presente década la obra de Nassim N. Taleb vendrá a significar en mi opinión lo que Goldratt y Senge representaron en el mismo ámbito en el que plantea sus reflexiones el profesor Taleb: descubrir los errores en los procesos de razonamiento cuando los humanos nos enfrentamos frente a la complejidad, la incertidumbre y la aleatoriedad.

Pensamiento sistémico: El Cisne Negro de Nassim Nicholas Taleb.

Si andas perdido

  • El Cisne Negro (Black Swan) es también una canción de Thom Yorke
  • En 2010 se estrenó la película Cisne Negro del director Darren Aronofsky en ella la actriz Natalie Portman representa el papel de una ambiciosa bailarina que hará lo que sea para conseguir ser la primera bailarina en una representación de “El lago de los cisnes”

Enlaces relacionados

Formas peligrosas de ver la vida

senal-de-peligroLas personas utilizamos una serie de filtros y metáforas para entender el mundo y desenvolvernos en él. Los filtros nos sirven para escoger la información procedente de la infinidad de estímulos a los que estamos sometido. Las metáforas nos ayudan a tomar decisiones rápidas o automáticas ante unos estímulos determinados y a darnos una explicación a nosotros mismos de como “funcionan las cosas”. Este conjunto de filtros y metáforas conforman un mapa, y a ese mapa es a lo que cada uno llamamos realidad. Pero el mapa no es la realidad, es una interpretación de ella que nos ayuda a sobrevivir, a no saturarnos con el exceso de información y a no tener que procesar de nuevo decisiones que ya tomamos en el pasado.

Hace unas semanas Jenny Moix, profesora de psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, publicaba en El País Semanal una interesante reflexión sobre como alguna de estas metáforas se vuelven a veces contra nosotros, convirtiéndose en “formas peligrosas de ver la vida” en vez de servirnos de ayuda. Me impactó mucho el artículo y me he animado a poner aquí un resumen de las metáforas que nos marca como más “corrosivas”.

La vida desgasta energía

Tendemos a concebir nuestras actividades cotidianas especialmente el trabajo y las tareas doméstica como algo que consume nuestras energías y nos deja exhaustos. Cuando volvemos de las vacaciones solemos comentar que “hemos cargado las pilas”. Esta metáfora de “desgaste y recarga” nos hace concebir el trabajo y las tareas cotidianas como un lastre del que solo podremos librarnos cuando lleguen las vacaciones o la jubilación, a la vez que nos impide buscar otras soluciones a este problema.

La vida como una lista de tareas por tachar

Tenemos tantas ansias de terminar tareas y cerrar temas que olvidamos disfrutar de ellas mientras las hacemos. Comprendo que es difícil disfrutar el pagar una factura o llamar al fontanero para arreglar una cisterna, pero cuantas veces nos hemos sorprendido a nosotros mismos mirando el canto de un libro para ver cuanto nos queda para terminarlo o tachando la lista de lugares que queremos ver durante un viaje de placer. Nos obsesionamos con las listas de tareas, con los plazos de entrega, con dar carpetazo y seguir cerrando temas. Parece como si el placer no estuviera en realizar proyectos sino en acabarlos.

Por eso, nos cuesta tanto practicar lo que tantos sabios aconsejan: vivir el presente. ¿Cómo vamos a vivir el presente si lo que queremos es terminar lo que estamos haciendo en cada momento.

La vida como una guerra

Demasiado a menudo describimos nuestras relaciones con los demás como una batalla campal: con vencedores, vencidos, treguas y reinicio de las hostilidades. Aunque se supone que es un lenguaje simbólico acabamos convencidos de que el prójimo es un enemigo a vencer o un atacante al que evitar en lugar de pensar en los demás como personas que colaboran con nosotros y como relaciones de las que disfrutar, ya sean de negocios, académicas o personales.

La vida como una escalera

“Ha llegado a lo más alto del escalafón”, “ha bajado de posición”. Todas estas metáforas nos hacen pensar que en la vida lo importante es lo alto o lo bajo que estés situado. Nuestro desarrollo personal y profesional se nos presenta como una fatigosa cuesta arriba por la que tenemos que ir escalando posiciones para, algún día, poder mirar desde arriba a los que hemos dejado abajo. Si deshacemos esta metáfora e intentamos ver la vida como un llano en el que cada uno desempeña un papel igual de importante (ja, ja, he caído en la metáfora de “la vida como un teatro”).

Concluyendo

Cuando nos damos cuenta de estos esquemas a través de los cuales miramos es cuando comienza a producirse la liberación de los mismos. El siguiente paso es comenzar a ir desbrozando nuestro lenguaje, y por tanto nuestro pensamiento, de todas esas metáforas. En este sentido puede servir de ayuda la Programación Neurolingüística, un sistema que ayuda a los que la practican a mejorar sus comportamientos y sus experiencias a través del pensamiento y el lenguaje.

Sea como sea el mundo exterior, usamos los sentidos para explorarlo y delimitarlo. El mundo es una infinidad de posibles impresiones sensibles, y sólo somos capaces de percibir uan pequeña parte de él. La parte que podemos percibir es luego filtrada por nuestra experiencia única, cultura, lenguaje, creencias, valores, intereses y suposiciones.Cada uno vive en su realidad única, construida por sus propias impresiones sensibles y experiencias individuales de la vida, y actuamos de acuerdo a lo que percibimos: nuestro modelo del mundo.
El mundo es tan vasto y rico que para darle sentido tenemos que simplificarlo. Hacer mapas es una buena analogía para lo que hacemos; es la manera como damos significado al mundo. (….) El tipo de mapa que usted haga dependerá de lo que vea y de adonde quiera llegar.

Programación Neurolingüística, Joseph O’ Connor y Kohn Seymour

Jenny MoixEnlaces relacionados

¿Tenemos miedo a la libertad?

Alguien voló sobre el nido del cuco

Hace tiempo leí “Cómo ser libre” un libro de Tom Hodgkinson que me pareció interesante aunque sus argumentos no me convencieron. Hoy, ordenando algunos libros, lo he abierto al azar y he encontrado en él este impactante diálogo de la película “Alguien voló sobre el nido del cuco“:

Quizá el mayor obstáculo para la libertad sea nuestro propio miedo a la libertad.Puede que recuerdes aquella gran escena de Alguien voló sobre el nido del cuco en la que McMurphy se da cuenta de pronto de que la mitad de los internos están en el hospital de manera voluntaria:

“- ¿Queréis tomarme el pelo, tíos? – Nadie dijo nada. McMurphy comienza arriba y abajo frente al banco, pasándose la mano por su espesa mata de pelo. Camina hasta el final de la fila y luego avanza en sentido contrario, hasta llegar a la misma máquina de rayos X. La máquina silba y se mofa de él. – Tú, Billy. ¡Tú estás interno aquí, por el amor de Dios! – Billy está de espaldas a nosotros, con la barbilla apoyada en la negra pantalla, de puntillas.

– No – dice, y mira al aparato.

– Entonces, ¿porqué?, ¿porqué? ¡Eres un tío joven! Deberías estar por ahí y conducir un descapotable con el que conquistar a las chicas. Todo esto… -señala a su alrededor- ¿porqué lo soportas? – Billy no dice nada y McMurphy se aparta de él para dirigirse a otros dos pacientes-. Decidme, ¿porqué? Refunfuñáis, os quejáis durante semanas enteras y decís que no soportáis a la enfermera ni nada de lo que hace. Y durante todo este tiempo no estáis internados. Puedo entenderlo en el caso de alguno de esos viejos que hay en la galería. Están chiflados. Pero, vosotros, no es que seáis precisamente hombres corrientes de la calle, pero no estáis chiflados -Ninguno dice nada. Se dirige entonces a Sefelt-. Sefelt, ¿qué pasa contigo? No tienes nada malo, sólo ataques. Demonios, yo tenía un tío que montaba escándalos el doble de malos que los tuyos y que por si fuera poco tenía visiones del diablo, pero no se encerró en un manicomio. Podrías arreglártelas fuera si tuvieras agallas.

– ¡Eso es! – Es Billy que deja de mirar a la pantalla, con el rostro bañado en lágrimas- ¡Eso es! – vuelve a gritar-. ¡Si tuviéramos a-agallas! Podría irme hoy mismo, si tuviera agallas. Mi m-m-madre es una buena amiga de la se-señorita Ratchel y podría hacer que me firmaran el alta esta misma tarde,  ¡si tuviera agallas!”

Es posible que parte de nuestros problemas y frustraciones se deban al hecho de que estemos asustados y autoencarcelados. Quejándonos continuamente de los demás y de nuestra mala fortuna sin decidirnos a tomar la responsabilidad de nuestras propias acciones y a veces de nuestra vida entera.

Enlaces relacionados

Entradas relacionadas en este blog