Vida matrimonial, relaciones de parejas y otras cosas del frotar

Tengo muchas ideas sobre el matrimonio, las parejas y las relaciones en general, pero por ser un tema tabú pocas veces me animo a hablar de él. No consiste el tabú en que no se pueda hablar del tema, pues se habla y mucho, sino porque jamás diremos lo mismo delante de nuestra pareja, de nuestros amigos, de nuestros suegros, de nuestros padres y ya no digamos de nuestros hijos.

De las relaciones, hablemos en general, se dicen maravillas y se cuentan horrores, como de todo lo humanos y lo divino deberíamos tomar un poco de distancia y reconocer que, como la vida misma, las relaciones han de tener sus claros y sus oscuros. Lo que me fastidia del tema es que se le apliquen tantos tópicos y se sacrifiquen tantas vidas (y no exagero ni un pelo) a una serie de leyes y reglas que no están escritas en ningún sitio, y si lo están metámosles fuego de una vez por todas.

¿Porqué es tan importante la fidelidad sexual? ¿Porqué si tienes pareja tienes que buscar excusas para divertirte por separado? ¿Quién ha dicho que una pareja son dos? ¿Porqué es obligatorio vivir bajo un mismo techo? ¿Porqué te miran raro y te preguntan si no tienes niños?

Este artículo no pretende ser una disertación sobre nada porque no soy ninguna autoridad en la materia, sólo quería empezar con el un diálogo, así que espero vuestros comentarios. Os dejo a continuación algunos fragmentos de libros y artículos que pueden resultar de inspiración.

«A la gente le gusta sentir. Sea lo que sea» Virginia Woolf


En las relaciones entre iguales (parejas, amigos, colegas) no existe ninguna regla impuesta de antemano que determine el comportamiento mutuo. Las “reglas” se van elaborando a medida que la relación avanza a través de una serie de compromisos “vivos” o en acción (que por tanto pueden ser sometidos de nuevo a discusión si alguna de las partes lo solicita) No es imprescindible que dichos compromisos sean justos para ser útiles, lo único indispensable es que funcionen, que sean eficaces.

Del libro “Cuando digo no me siento culpable” de Manuel J. Smith.


En esta época en que la esperanza de vida es mayor, contamos con métodos anticonceptivos eficaces y para cada vez mayor número de personas las consideraciones morales tradicionales tienen menos fuerza, cabría preguntarse por qué vivimos en pareja y nos exigimos fidelidad. Por qué renunciamos a ampliar nuestra vida sexual y nos limitamos a compartir nuestra cama con una persona. Sin duda, el amor romántico tiene mucho que decir aquí, el sentimiento de pertenencia, de complicidad, de exclusividad, el sentirse especial y único/a, la intensidad emocional de esos sentimientos seguramente compensa la renuncia a encuentros sexuales en los que además se puede correr el riesgo de enamorarse y no estamos para tantas emociones, con un una vida regularizada, un trabajo regularizado y una hipoteca que pagar.»

Inteligencia Emocional


Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal.
No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.
Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.
Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo y domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.

Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los gruesos brazos de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda desde hace años con los brazos abiertos.

A mí me colma de gozo tanta paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas, y algún día, muy pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.

Del libro «Por favor, sea breve, antología de relatos hiperbreves, edición de Clara Obligado. Editado por «Páginas de Espuma», 2001

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