Niños y lectura: mi fascinante relación con los libros, una pasión contagiosa

Mis lecturas de niñoUna de mis mayores aficiones es, y ha sido siempre, la lectura. Podría prescindir de muchas cosas de las que disfruto y aún así me seguiría sintiendo satisfecho mientras tuviera un buen libro a mi alcance. Me encanta perderme en una librería o en una biblioteca, y lo normal es que me tengan que echar, desesperados, a la hora de cerrar.

Este gran amor se lo debo a mi padre. En casa, de niño, siempre he vivido rodeado de libros. Me conocía los colores de los lomos, su tacto y algunas ilustraciones de portada antes de aprender el abecedario. Mi padre aprovechaba cualquier ocasión para regalarnos un libro, de cuentos, de animales, de historia, de inventos. Recuerdo y atesoro con cariño algunos como “El gran libro de los animales”, “Héroes en zapatillas” o “Casi todos los inventos”.

Cuando tenía seis o siete años me regalaron por navidades mi primer libro “de adulto”, una edición completa de “Las aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain, mucho texto, pocas ilustraciones, aquello era algo serio. Intenté leerlo en varias ocasiones, pero me sobrepasaba. Como el corredor principiante me ahogaba en cuanto llegaba a las veinte páginas, lo dejaba por un tiempo y luego tenía que empezar de nuevo. Pero seguí empeñado en leerlo, una de esas veces parece que algo hizo “clic” en mi cabeza: empecé a leer y ya no podía dejarlo; la lectura me había atrapado en sus garras. Un universo infinito se abría ante mí. No sé cuantas veces pude leer aquel libro, si se que el siguiente que me regalaron, “Tarzán de los Monos” de Edgard Rice Burroughs me lo leí como unas cien veces.

A los diez años me aficioné a leer cómics, tuve la suerte de tener algunos compañeros de colegio que me los prestaban por decenas. Podía leerme 20 o 30 en un fin de semana. Luego llegaron los atracos a la Biblioteca Pública de Sevilla, me metía allí en las tardes de verano, me leía dos o tres libros y me llevaba otros tantos a mi casa para el fin de semana. Cuando a los 14 años me permitieron sacar el carné de adultos, y pude acceder a los tesoros de la planta alta, creí que se habían abierto las puertas del cielo.

Ahora tengo 45 años, una hija de 14 y otra de 17. Por imitación o fortuna parece que mis niñas han heredado mi vicio por la lectura. Si les gusta el que tienen entre manos se lo pueden leer en una tarde de una sentada. Si el libro les gusta repiten y si es una saga de cuatro o cinco entregas se relamen de gusto sabiendo que la diversión va para largo.

Algunos amigos me preguntan que pueden hacer para contagiar esta fiebre a sus hijos si ellos no la tienen o la padecen de forma moderada. Ahí van algunos consejos que pueden servir a niños y mayores inapetentes:

1. Si empiezas desde cero acostumbra a leerles cuentos, que sea una lectura compartida y divertida, que vayan viendo las ilustraciones, etc. Muchos cuentos, muchas repeticiones y muchos buenos momentos durante su lectura.

2. Procura que haya siempre libros por medio: adecuados a su edad en su habitación, de consulta en la zona de estudio, salón, etc.

3. Para empezar creo que son mejores los libros de papel, su presencia es más contundente, el acceso es más sencillo, están más a la mano.

3. Empieza con libros sencillos, adecuados a su edad, con temas que les gusten. Indaga entre otros niños lectores de su edad.

4. Una película que les entusiasme puede ser una buena excusa para leer el libro. ¡Cuándo algo nos gusta queremos más!

5. No hay que leer por obligación, si un libro no entra se deja aparcado o se descarta. Si prefieren empezar con cómics o novela gráfica tampoco pasa nada.

6. Utiliza la astucia. Está atento a si están o no leyendo, pregúntale sobre el libro, ha llegado el momento de que ellos te cuenten el cuento.

7. Sigue proponiendo y alentando nuevas lecturas. No dejes pasar ninguna oportunidad.

8. Cuando la cosa se vaya animando se puede tirar de biblioteca, préstamos, intercambios, etc. para complementar las compras.

9. Si la adquisición de nuevos libros te lleva a la quiebra te recomiendo pasar al libro electrónico, no una tableta sino un libro de tinta electrónica (que “solo” sirva para leer)

10. En formato electrónico hay muchos libros gratis y también buenos títulos por 1, 2, 3, 6 o 10 euros. Yo de ahí no paso, me parece excesivo pagar 15 o 20 euros por una novela en formato digital, aunque esto, por supuesto, es una opinión personal.

Cómo aprende el cerebro: Las claves para la educación

La neuróloga Sarah-Jayne Blakemore, y la psicóloga Uta Frith escriben este ensayo científico-divulgativo sobre las últimas novedades en un campo tan poco conocido como el cerebro y su desarrollo. El libro nos da pistas y argumentos para apoyar o criticar mitos como la importancia del aprendizaje temprano o la incapacidad para aprender determinadas disciplinas a partir de ciertas edades

Como Aprende El Cerebro: Las claves para la educación; Sarah-Jayne Blakemore y Uta Frith.

La neuróloga Sarah-Jayne Blakemore, y la psicóloga Uta Frith son las autoras de este ensayo divulgativo sobre las últimas novedades en un campo tan poco conocido como el cerebro y su desarrollo. El libro da pistas y argumentos para apoyar o criticar mitos como la importancia del aprendizaje temprano o la incapacidad para aprender determinadas disciplinas a partir de ciertas edades. Recomendaría este libro a todo aquel interesado en el aprendizaje, la educación y sus patologías, pues podrá descartar multitud de falsas creencias sobre el desarrollo cerebral y cognitivo, a la vez que arrojará un poco de luz sobre este campo.

El cerebro adulto tiene una enorme capacidad para el cambio y para el aprendizaje, pero no hay que olvidar que una ley de hierro rige los acontecimientos neuronales: lo que no se usa se pierde. De ahí la necesidad de recomendar una actitud mentalmente activa en todas las etapas vitales: infancia, adolescencia, madurez, ancianidad. Éste es uno de los mensajes claros del libro: nuestro cerebro está diseñado para la acción. La pereza, la pasividad y la rutina lo intoxican. Acabo de terminar un libro titulado LaMagiaDeEscribir que presenta una teoría del aprendizaje basada en fomentar las actividades “más activas” de la mente. De modo metáforico, más allá de la benéfica actividad de leer, hay que fomentar la plena superactividad de escribir, es decir, de expresarse, de inventar, de decidir, de actuar.
Del prólogo de la traducción española por José Antonio Marina.

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Odio los castillos de arena

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Fuente

Libros infantiles para el verano

El verano es una buena época para cultivar la aficción infantil por la lectura. Quería compartir con vosotros los libros que han conseguido enganchar a mis niñas, de 9 y 12 años, durante estos días, algunos se los han bebido en una sola noche.

  • Las crónicas de Spiderwick: una serie de cinco libros que cuenta la historia de unos hermanos que descubren un extraño cuaderno en su nueva casa. La casa y el cuadernos les abre las puertas de un mundo de fantasía pero la vez supone un gran peligro.
  • Kika Superbruja: no se cuantos libros componen la serie de esta aspirante a bruja, pero no duran ni un par de horas entre sus manos.
  • Ulises Moore: La puerta del tiempo, la primera entrega de otra adictiva serie de cuatro o cinco libros.
  • La clave secreta del universo, de Lucy y Stephen Hawking. Este para la mayor.
  • Vampiratas, de Justin Somper. Este para la mayor también.