Formas peligrosas de ver la vida

senal-de-peligroLas personas utilizamos una serie de filtros y metáforas para entender el mundo y desenvolvernos en él. Los filtros nos sirven para escoger la información procedente de la infinidad de estímulos a los que estamos sometido. Las metáforas nos ayudan a tomar decisiones rápidas o automáticas ante unos estímulos determinados y a darnos una explicación a nosotros mismos de como “funcionan las cosas”. Este conjunto de filtros y metáforas conforman un mapa, y a ese mapa es a lo que cada uno llamamos realidad. Pero el mapa no es la realidad, es una interpretación de ella que nos ayuda a sobrevivir, a no saturarnos con el exceso de información y a no tener que procesar de nuevo decisiones que ya tomamos en el pasado.

Hace unas semanas Jenny Moix, profesora de psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, publicaba en El País Semanal una interesante reflexión sobre como alguna de estas metáforas se vuelven a veces contra nosotros, convirtiéndose en “formas peligrosas de ver la vida” en vez de servirnos de ayuda. Me impactó mucho el artículo y me he animado a poner aquí un resumen de las metáforas que nos marca como más “corrosivas”.

La vida desgasta energía

Tendemos a concebir nuestras actividades cotidianas especialmente el trabajo y las tareas doméstica como algo que consume nuestras energías y nos deja exhaustos. Cuando volvemos de las vacaciones solemos comentar que “hemos cargado las pilas”. Esta metáfora de “desgaste y recarga” nos hace concebir el trabajo y las tareas cotidianas como un lastre del que solo podremos librarnos cuando lleguen las vacaciones o la jubilación, a la vez que nos impide buscar otras soluciones a este problema.

La vida como una lista de tareas por tachar

Tenemos tantas ansias de terminar tareas y cerrar temas que olvidamos disfrutar de ellas mientras las hacemos. Comprendo que es difícil disfrutar el pagar una factura o llamar al fontanero para arreglar una cisterna, pero cuantas veces nos hemos sorprendido a nosotros mismos mirando el canto de un libro para ver cuanto nos queda para terminarlo o tachando la lista de lugares que queremos ver durante un viaje de placer. Nos obsesionamos con las listas de tareas, con los plazos de entrega, con dar carpetazo y seguir cerrando temas. Parece como si el placer no estuviera en realizar proyectos sino en acabarlos.

Por eso, nos cuesta tanto practicar lo que tantos sabios aconsejan: vivir el presente. ¿Cómo vamos a vivir el presente si lo que queremos es terminar lo que estamos haciendo en cada momento.

La vida como una guerra

Demasiado a menudo describimos nuestras relaciones con los demás como una batalla campal: con vencedores, vencidos, treguas y reinicio de las hostilidades. Aunque se supone que es un lenguaje simbólico acabamos convencidos de que el prójimo es un enemigo a vencer o un atacante al que evitar en lugar de pensar en los demás como personas que colaboran con nosotros y como relaciones de las que disfrutar, ya sean de negocios, académicas o personales.

La vida como una escalera

“Ha llegado a lo más alto del escalafón”, “ha bajado de posición”. Todas estas metáforas nos hacen pensar que en la vida lo importante es lo alto o lo bajo que estés situado. Nuestro desarrollo personal y profesional se nos presenta como una fatigosa cuesta arriba por la que tenemos que ir escalando posiciones para, algún día, poder mirar desde arriba a los que hemos dejado abajo. Si deshacemos esta metáfora e intentamos ver la vida como un llano en el que cada uno desempeña un papel igual de importante (ja, ja, he caído en la metáfora de “la vida como un teatro”).

Concluyendo

Cuando nos damos cuenta de estos esquemas a través de los cuales miramos es cuando comienza a producirse la liberación de los mismos. El siguiente paso es comenzar a ir desbrozando nuestro lenguaje, y por tanto nuestro pensamiento, de todas esas metáforas. En este sentido puede servir de ayuda la Programación Neurolingüística, un sistema que ayuda a los que la practican a mejorar sus comportamientos y sus experiencias a través del pensamiento y el lenguaje.

Sea como sea el mundo exterior, usamos los sentidos para explorarlo y delimitarlo. El mundo es una infinidad de posibles impresiones sensibles, y sólo somos capaces de percibir uan pequeña parte de él. La parte que podemos percibir es luego filtrada por nuestra experiencia única, cultura, lenguaje, creencias, valores, intereses y suposiciones.Cada uno vive en su realidad única, construida por sus propias impresiones sensibles y experiencias individuales de la vida, y actuamos de acuerdo a lo que percibimos: nuestro modelo del mundo.
El mundo es tan vasto y rico que para darle sentido tenemos que simplificarlo. Hacer mapas es una buena analogía para lo que hacemos; es la manera como damos significado al mundo. (….) El tipo de mapa que usted haga dependerá de lo que vea y de adonde quiera llegar.

Programación Neurolingüística, Joseph O’ Connor y Kohn Seymour

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