Tratos, trueques y anuncios clasificados

Hace unos días he tenido la oportunidad de comprobar la extraordinaria potencia que puede tener el uso de la red en los tratos comerciales. Y la verdad es que he quedado gratamente impresionado.

Tras 65 años trabajando como impresor independiente, mi padre ha decidido dejar el oficio, y ha puesto a la venta la maquinaria y las herramientas del taller. Como sabe que me manejo en “eso de internet” me ha encargado poner anuncios en dos o tres páginas web que se dedican al cambalache.

El resultado hasta el momento está siendo un éxito, pues no sólo han visitado los anuncios cientos de personas, sino que muchas de ellas se han puesto en contacto con nosotros y hemos empezado a cerrar los primeros tratos. Es una empresa algo dolorosa, pues he pasado muchas tardes de verano echando una mano en el trabajo, aprendiendo a componer e incluso manejando la minerva para imprimir, casi a mano, tarjetas, estampas y sobres.

Pero con gran alegría he descubierto que el trato directo, aunque sea virtual en este caso, humaniza lo que podría haber sido un expolio. He intercambiado mensajes con personas que aprecian el oficio, que saben y valoran lo que están comprando, y que seguirán tratando el “instrumental” con el mismo cariño que mi padre lo ha hecho durante toda su vida. Tal ha sido el grado de confianza que alguno de ellos incluso ha puesto el precio, o hemos regateado un poco al estilo de un zoco marroquí. Hasta se han ofrecido, de manera desinteresada, a ayudarnos a vender el resto del material.

Internet hace posibles que vendedores y compradores traten sin intermediarios, creando cadenas de intercambio en las que todos pueden salir ganando sin la intervención de actores secundarios que en estas circunstancias no tienen nada que aportar.

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