Yo llevo años aplicando con éxito la máxima de no leer, ver o escuchar nada que no me afecte directamente, que no me emocione, que me ponga de mala leche o que me haga entristecerme o amargarme el día. No se nada de deportes, de ningún tipo, ni de la prensa del corazón, ni quien se ha muerto, ni quien manda ahora donde. Y me va bastante bien.
No leo prensa, no veo la tele, no escucho la radio. Encuentro en los libros, en internet y en las personas que me rodean información y deleite suficientes para cubrir mis necesidades sociales, culturales y espirituales. Leo con pasión libros de divulgación científica, de economía y de ciencia ficción; escucho podcast en inglés sobre productividad, astronomía o cualquier materia que me aporte algún añadido a la vez que refresco el idioma, escucho audiolibros en el coche mientras voy al trabajo y leo miles de artículos en blogs que me interesan y me aportan algo nuevo.
No creo que esté enajenado de la realidad, disfruto cuando llueve, me maravillo con un pedazo de pan con aceite o me emociono escuchando la voz de una cantante o el sonido de un violín. Gracias a la culturilla científica que se me va quedando pegada disfruto doble de cada uno de estas cosas porque entiendo que son regalos y milagros que nos rodean por todos lados. Como decía Borges: a todos todo les es dado, pero la mayoría lo ignoran.
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me ha gustado mucho tu artículo, sobre todo lo de ese panecito con aceite, eres lo mejo, eso es azzziiii…