El coste de no decidirse

Acabo de leer el libro de Dan Ariely: “Las trampas del deseo“. He disfrutado con todos y cada uno de los capítulos e iré poniendo aquí más resúmenes de algunos de ellos. Uno de los que más me ha gustado se titula “Mantener las puertas abiertas” y habla de como las opciones suelen distraernos de nuestros objetivos principales.

Normalmente nos cuesta trabajo tomar decisiones, queremos estar seguros de no cerrarnos posibilidades que en un futuro podríamos necesitar. Si vamos a comprar un ordenador queremos estar tranquilos de que no se nos quedará escaso de memoria o que será compatible con periféricos que más adelante podemos necesitar, finalmente acabamos comprando un equipo más potente y caro del que necesitamos, por si acaso. Situaciones similares pueden sucedernos eligiendo pareja, buscando un hotel para ir de vacaciones o a la hora de lanzarnos a un nuevo proyecto. A veces, esta falta de decisión nos bloquea de tal manera, que finalmente perdemos más que si nos hubiéramos decididos por la hipotética peor opción.

Pero además de estos momentos de indecisión también tenemos que considerar el coste que genera la dispersión. Nos resistimos a decir que no a un sinfín de cosas que no llegan a convencernos del todo: asistir a ciertos eventos, abandonar la lectura de un libro que no nos interesa, perder el contacto con personas que ya han salido de nuestras vidas. No queremos abandonar ninguna posibilidad.

Nos resistimos a “cerrar puertas”, no queremos quedar mal con nadie, no queremos equivocarnos y finalmente dispersamos tanto nuestro tiempo y nuestro esfuerzo que no podemos concentrarnos en lo que sería realmente importante.

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Un comentario en “El coste de no decidirse

  1. Muy interensate la apreciacion que nos comparte de su lectura, es de gran utilidad y es la verdad, es lo que pasa continuamente.

    Gracias por compartir esta valiosa informacion.

    Saludos desde Trujillo – Perú

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