La gente también ha malentendido, como tantas otras cosas, la posición del amor en la vida; lo han hecho juego y diversión, porque creían que el juego y la diversión son más felices que el trabajo; pero no hay nada más dichoso que el trabajo; y el amor, precisamente por ser la suprema dicha, no puede ser sino trabajo. Así pues, quien ama debe intentar comportarse como si tuviera un gran trabajo: debe estar muy solo y entrar en sí y concentrarse y consolidarse: debe trabajar, debe llegar a ser algo.