El monje en el huerto

Planta de guisante comestible. Esta especie fué la elegida por Mendel para sus experimentos“El monje en el huerto”, Robin Marantz Henig, Debate 2001

Corre el año 1843, un joven estudiante llamado Gregor Mendel se dispone a ingresar en el monasterio de Santo Tomás, en la ciudad checa de Brno, con el fin de poder continuar con sus estudios y escapar de la vida de agricultor que le esperaba. Charles Darwin se prepara para publicar sus primeros artículos sobre la evolución y la selección natural, siete años antes finalizaba su viaje en el Beagle. Curiosamente Darwin no conoce el trabajo de Mendel, que le hubiera dado la clave final que le faltaba en el rompecabezas evolutivo que estaba montado. Mendel, un genio incomprendido en su época se adelantaba en el tiempo con sus investigaciones sobre la transmisión de los caracteres hereditarios, más adelante conocidos como “genes”.

Me ha encantando este fabuloso trabajo de investigación y divulgación. Aunque en principio parece un libro con pocas pretensiones, poco a poco se va convirtiendo en una historia sólida y cautivante. No trata de impresionar y no lo hace, pero va dejando un fondo que no te veas. Un libro como la vida del propio Mendel.

Una de las escenas que más me ha gustado del libro es el momento en el que, tras siete años de trabajo, Mendel envía sus cuarenta separatas con las conclusiones de su investigación y se dispone a esperar cada día el correo, con la esperanza de encontrar un interlocutor a la altura de sus ideas. Apenas recibe una respuesta y desde luego no estaba a la altura. No podía ser de otra manera.

La autora nos retrata al monje agustino como un tipo bonachón, entusiasmado con la ciencia y el conocimiento. Que toma los hábitos como medio para cultivar su mente, la de sus alumnos y de paso los guisantes de su huerto. Una persona “normal”, que sin destacar excesivamente en nada, tiene la claridad, la tenacidad y la paciencia para montar toda una teoría sobre los mecanismos de la herencia genética. Mendel prácticamente no tuvo ningún reconocimiento en vida y sin embargo dejó sentadas las bases de la biología moderna. Un científico aficionado, humilde, paciente y tenaz, un genio sin saberlo.

Puede que a Mendel, un hombre discreto, tranquilo y brillante, le hubiera resultado embarazoso verse convertido en la figura heroica y gigantesca que es hoy día…

Mendel fue un trabajador infatigable, no un héroe; y fue su falta de heroísmo lo que le permitió hacer el trabajo tenaz, paciente y concienzudo, a través del cual emergió su genio

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